Una cosecha equilibrada recupera ligeramente el valor del vino español

A esa conclusión se ha llegado desde el Observatorio Español del Mercado del Vino (OeMV) viendo los datos de 2015, un año en que el sector vitivinícola español pudo volver a una relativa normalidad, que resulta esencial para recuperar el valor de las ventas.

Incluso con grandes cambios normativos y a lo largo de una importante crisis con grandes efectos en el consumo, el sector del vino español ha mostrado que es capaz de equilibrar su balanza vitivinícola de forma razonablemente buena en el entorno de los 40 millones de hectolitros. Aunque con precios medios que, por comparación al resto del mundo, siguen siendo excesivamente bajos. Así se comprueba en el largo período entre 2005 y 2012 en el que las producciones se mantuvieron a unamedia de 40,2 millones de Hl y así parece ocurrir también cuando, tras el récord de producción del 2013, las vendimias del ’14 y la estimación para este recién acabado 2015 vuelven hacia los 44-41 millones.

Con esos niveles de oferta, el sector español ha conseguido hacer frente a cambios fundamentales en la OCM que, entre otras cosas, han limitado sensiblemente las destilaciones, que llegaron a ser de hasta casi 10 millones de Hltrs, y cambios aún más importantes en el consumo nacional, con una grave crisis particularmente en el sector de la restauración desde el año 2006 y agravada por la crisis económica. Sin embargo, el equilibrio resultó perjudicado, primero, por la subida de precios tras la sensación de escasez de la vendimia del 2012 y, luego, por la gran cosecha del año 2013 donde los últimos datos del MAGRAMA muestran que se alcanzaron los 53,5 millones de Hltrs de vino y mosto, superando los récords anteriores. Esa gran cosecha, ante una demanda limitada en cuanto a destilaciones y consumo interno, ha tenido que ser vendida al exterior y ha presionado considerablemente los precios a la baja.

Este desequilibrio entre lo que producimos y lo que somos capaces de vender bien es precisamente la causa de la disminución de precios medios hasta niveles muy por debajo de los de nuestra competencia.

Unos precios que, analizados comparativamente con los de otros países y lo que, por lo tanto, necesitaríamos para tener buena penetración en los mercados, están sensiblemente por debajo de lo necesario.

España vende sus vinos mucho más barato, de media, que el resto de países productores mundiales, no tanto porque tengamos que competir con ellos – que también – como por las diferencias internas entre producción y ventas.
Y el problema no es solo de excesiva concentración en graneles – vinos que por no saber o poder comercializar con mayor valor cedemos a muy bajo precio a otros países comercializadores – sino que la tensión sobre precios se traslada a los envasados tranquilos y espumosos e incluso a las denominaciones de origen donde también el debate sobre la fuerte competencia está a flor de piel.

Por mercados, 2015 ha sido un año particularmente bueno para las ventas de vino español en EEUU, Países Bajos, China, México y Rusia; todos ellos con tasas de crecimiento superiores al 10% en valor, aunque sin mucho avance en volumen en el caso de EEUU. Por el contrario, de entre los principales destinos de nuestras exportaciones, el año ha sido particularmente malo en Italia, Portugal (mercados tradicionales de graneles y que el año anterior se beneficiaron del record de producción española), Dinamarca, Finlandia, Noruega, República Checa y, sobre todo, en Lituania, donde posiblemente las cifras deban interpretarse conjuntamente con las de Rusia.
 

Fuente y gráficas: OeMV

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