La marca propia ha sido para muchas cadenas de alimentación una apuesta clara sobre todo en los últimos años.
El aumento en la calidad de estos productos ha conllevado un éxito sin precedentes en algunos sectores como el café, las pastas o las frituras. Sin embargo, si trasladamos esta estrategia al mundo de los vinos, algo falla. Encontrar un vino de calidad de estas características es una tarea complicada. Encontrar un buen producto que continúe en distintas cosechas es casi un milagro.
El motivo claro; Las bodegas no están dispuestas a ceder sus mejores caldos para cadenas que habitualmente, no quieren pagar por ello unas cifras demasiado elevadas. El resultado, vinos “de saldo” o “retales” que las bodegas no ven interesante embotellar para ellos y por tanto, no acaban siendo competitivos en calidad frente a las marcas de fabricantes.
RBI, presenta sus servicios de marca propia para empresas y cadenas de restauración, alimentación y hostelería, de forma que se planifique el diseño de los vinos desde la uva, asegurando que se cumplan los criterios económicos marcados de antemano y sobre todo, buscando la calidad máxima en relación a ese presupuesto. |